Con una disparada récord del dólar, la caída estrépito de los bonos y doce meses seguidos de contracción en el consumo masivo, la desorientación del Gobierno libertario enciende todas las alarmas en un mercado que teme la recesión inminente.

La desconfianza en el rumbo del país alcanzó un punto crítico tras una jornada negra en los mercados financieros que dejó al descubierto la inestabilidad del esquema oficial. La escalada del riesgo país por encima de los 805 puntos básicos retrotrajo la situación a los peores escenarios de incertidumbre, reflejando el agotamiento del rescate externo alcanzado con la administración estadounidense tras los comicios legislativos. A este indicador se sumó un nuevo récord anual en la cotización del dólar oficial, que se ubicó en torno a los 1.565 pesos, mientras que los títulos soberanos en moneda extranjera experimentaron desplomes de hasta dos dígitos, confirmando que la parálisis económica y las contradicciones internas del Poder Ejecutivo amenazan con arrastrar al país a una recesión técnica.
El trasfondo del descalabro radica en la anarquía política que reina en el seno de la propia gestión libertaria. Las terminales empresariales y los actores financieros manifiestan una creciente alarma ante la imposibilidad de alcanzar acuerdos duraderos con un Gabinete donde las promesas de una cartera son desmentidas horas después por otra. El fuego cruzado entre los sectores referenciados en la familia Menem, el equipo económico de los Caputo, Patricia Bullrich y Diego Santilli convirtió a la Casa Rosada en un escenario de disputas territoriales que bloquea cualquier avance institucional. Las exigencias del Palacio de Hacienda para concertar pautas con las provincias naufragan ante el armado político en el interior, al tiempo que las iniciativas legislativas clave se desintegran por la falta de consensos dentro del propio bloque oficialista y sus aliados del PRO.
Mientras el Gobierno intenta amortiguar el impacto de la crisis mediante escenografías comunicacionales que buscan simular un movimiento comercial inexistente en las arterias céntricas, las estadísticas oficiales revelan la verdadera magnitud de la recesión. Los datos fiscales evidencian que, a pesar del estancamiento general de la recaudación, los ingresos vinculados al Impuesto al Valor Agregado sufrieron una severa contracción real del 8,2% interanual. Este indicador acumula un año entero en terreno negativo, confirmando una caída sostenida del consumo que asfixia a los hogares y destruye el entramado productivo local.
La combinación de una economía real en picada y la incapacidad política para estructurar una alternativa creíble alimenta las prevenciones del sector privado frente al horizonte institucional. El desorden operativo y la falta de certidumbre para la toma de decisiones económicas dejan al desnudo los límites de un programa que intentó sostenerse únicamente en el ajuste fiscal y la disciplina cambiaria. Ante un mercado que reacciona con pánico y una sociedad golpeada por la pérdida continua de ingresos, la gestión de Javier Milei enfrenta un laberinto autogenerado que pone en riesgo la gobernabilidad y acelera la desilusión social.