En medio de una tormenta autoinfligida por la Casa Rosada, el Presidente tildó de traición a la patria las versiones sobre la salida del ministro de Economía.

La estabilidad política y económica de la administración libertaria quedó atrapada en un peligroso tembladeral por sus propias torpezas de gestión. Javier Milei tuvo que salir a negar públicamente la salida de Luis “Toto” Caputo tras una semana de intensas especulaciones desatadas por la irrupción del economista Alberto Ades. “Es una pelotudez del tamaño de una casa. Yo tengo una relación simbiótica con Caputo”, afirmó el presidente este lunes en una entrevista concedida a Radio Mitre. El mandatario insistió en que ambos se entienden de memoria y que mantienen siempre la visión alineada.
El mandatario intentó blindar a su funcionario estrella mientras prepara un compromiso internacional determinante para las cuentas públicas. “Caputo está teniendo una reunión con Georgieva y le inventan esto”, disparó en referencia al encuentro previsto en Tailandia con la titular del Fondo Monetario Internacional. Para Milei, ventilar esos movimientos equivale a ir directamente contra los intereses nacionales en plena negociación con la directora gerente del organismo crediticio. El presidente calificó los trascendidos de canallada y llegó al extremo de catalogar las versiones periodísticas como una traición a la patria.
Sin embargo, las versiones sobre el desplazamiento de Caputo surgieron de una crisis autoinfligida generada por la propia desprolijidad de Balcarce 50. Fue el mismísimo Milei quien invitó formalmente a Ades a la reunión de gabinete del lunes pasado, desatando una profunda confusión interna. Para colmo, el titular del Palacio de Hacienda faltó a esa cumbre ministerial argumentando que se sentía mal de salud. Esa misma tarde, Caputo reapareció en perfecto estado en el programa de streaming del militante libertario Gordo Dan.
A partir de ese insólito vacío, el propio economista invitado se encargó de darle volumen al tembladeral mediante un raid mediático frenético. Ades participó de múltiples entrevistas cuestionando el rumbo del programa oficial y publicó un extenso posteo en redes detallando las reformas que aplicaría. Milei tuvo que aclarar que jamás buscó reemplazar al ministro, pero el desconcierto ya se había instalado en los despachos oficiales. La descoordinación presidencial alimentó de inmediato la desconfianza de los operadores bursátiles sobre el futuro inmediato del plan económico.
El costo de la interna oficialista se trasladó al instante a las cotizaciones de los activos financieros argentinos. El optimismo inicial por el triunfo de Bolsonaro en Brasil se diluyó con rapidez hacia mitad de semana ante el desorden libertario. El índice Merval retrocedió un 2,5%, los bonos soberanos volvieron a terreno negativo y el riesgo país escaló hacia los 600 puntos básicos. Los mercados reaccionaron alarmados frente a la fragilidad de un gobierno que genera fuego amigo sobre su principal negociador.
La figura de Caputo quedó debilitada por una seguidilla de indicadores negativos sobre la economía real conocidos en las últimas semanas. Ese desgaste profundizó los choques del ministro con el ala política gubernamental que conduce Karina Milei, alarmada por el costo de la recesión en el año electoral. El deterioro llegó a tal punto que el propio funcionario tuvo que salir a jurar en la red social Twitter que no renunciará. En su descargo virtual, el ministro llegó a denostar a la Universidad del CEMA, cuna académica de varios referentes fundacionales del espacio oficialista.
El titular de Economía perdió los estribos al cruzarse con un usuario que le adjudicaba los peores récords históricos de gestión. “Primera vez chiquilín y quédate tranquilo que no voy a renunciar, así que aun tipos como vos van a poder vivir en un país mejor”, escribió con evidente nerviosismo. La agresiva reacción en redes sociales coincidió con versiones de una acalorada discusión previa que Caputo habría mantenido con el presidente antes de subirse al avión rumbo a Bangkok. La soledad política del ministro y la desorientación en la cúpula del poder anticipan nuevas turbulencias para un esquema atado con alambres.