Un devastador informe universitario reveló que la pobreza volvió a dispararse en agosto por el desplome de los salarios frente a la canasta básica. A días de la medición oficial del INDEC, el relato libertario del repunte económico se desmorona frente a una crisis inducida que condena al hambre a familias enteras.

El plan motosierra y la crueldad programada de Javier Milei continúan cobrándose víctimas a un ritmo implacable. Mientras el presidente insiste en celebrar superávits fiscales dibujados a costa del sacrificio popular y se distrae en batallas ideológicas estériles, la realidad de la calle pulveriza cualquier relato de recuperación milagrosa. Un riguroso estudio académico encendió todas las alarmas al confirmar que la pobreza volvió a escalar y que las políticas de exclusión de la Casa Rosada están arrojando a la marginalidad a sectores que hasta hace poco lograban mantenerse a flote. Lejos de haber tocado piso, la degradación de las condiciones materiales de vida se profundiza semana a semana en los principales centros urbanos del país.
El lapidario Nowcast de Pobreza de la Universidad Torcuato Di Tella, elaborado por el economista Martín González-Rozada a partir de la metodología del propio organismo oficial de estadísticas, calculó que el flagelo alcanzó al 31,3% de la población en el semestre comprendido entre marzo y agosto. El salto interanual resulta escalofriante: representa más de un punto de incremento respecto al mismo tramo del año previo, sepultando las promesas libertarias de un bienestar inminente. La cifra, proyectada sobre los treinta millones de personas que releva la Encuesta Permanente de Hogares, arroja la dramática realidad de 9,4 millones de compatriotas sumidos en la pobreza, atrapados en un laberinto económico sin red de contención social.
El desagregado del relevamiento desenmascara la trampa del ajuste sobre los ingresos medios y bajos. Aunque la indigencia mostró un estancamiento marginal, la masa de nuevos pobres se disparó con ferocidad. La categoría de pobres no indigentes trepó al 24,8%, reflejando cómo miles de trabajadores con empleo formal e informal caen día tras día bajo la línea de flotación. La causa de este deterioro inducido es directa e indiscutible: en el Gran Buenos Aires, el costo de la canasta básica total aumentó un 34,7% interanual hasta rozar el medio millón de pesos por adulto, mientras los ingresos de las familias apenas se movieron un magro 25% por obra del congelamiento paritario, el desmantelamiento de subsidios y la recesión generalizada impuesta por el Ministerio de Economía.
Este nuevo revés estadístico, que anticipa un informe catastrófico del INDEC previsto para las próximas semanas, coincide plenamente con las alertas que ya había emitido el Observatorio de la Deuda Social de la UCA respecto al derrumbe de los indicadores socioeconómicos. Gobernar a espaldas del tejido productivo y castigar deliberadamente el bolsillo de la clase trabajadora está pasando una factura irreparable. Milei ha convertido a la Argentina en un experimento desalmado donde el único equilibrio que se festeja en los pasillos de Balcarce 50 es el que deja a millones de seres humanos sin lo indispensable para comer y desarrollarse.