El mandatario desestimó la recesión durante el foro del Council of the Americas y celebró la “destrucción creativa” del mercado. Justificó el desplome de los salarios estatales y calificó la crisis como un proceso natural.

El presidente Javier Milei expuso ante el establishment empresarial en el Hotel Alvear y rechazó cualquier síntoma de deterioro en las variables sociales del país. Durante el cierre del Council of the Americas, el jefe de Estado negó la caída de los ingresos populares y desmintió el incremento del desempleo generalizado. El líder libertario minimizó el desplome productivo en la industria manufacturera, el comercio minorista y la construcción pública, tildando de deshonestos intelectuales a quienes cuestionan su programa.
El mandatario justificó la pérdida del poder adquisitivo en el sector público como una consecuencia lógica e inevitable del severo recorte fiscal aplicado sobre el Estado. Asimismo, el mandatario naturalizó la quiebra masiva de unidades productivas locales bajo la premisa teórica de la destrucción creativa en favor de corporaciones más competitivas. En su discurso, el Presidente descartó la implementación de medidas de auxilio financiero para las pequeñas empresas familiares afectadas por la apertura comercial irrestricta.
Furia contra la oposición y defensa fanática del ajuste desregulador
El jefe de Estado lanzó insultos explícitos contra los sectores políticos y empresariales que cuestionaron los recortes en los proyectos del ministro Federico Sturzenegger. Con una retórica sumamente violenta, el Presidente defendió a su funcionario de desregulación y exigió la quiebra absoluta de las industrias que demandan protección estatal. El mandatario prometió avanzar hacia una apertura comercial del noventa por ciento en caso de asegurar su reelección en el Ejecutivo nacional.
Para justificar el impacto del ajuste macroeconómico, el líder de La Libertad Avanza recurrió a consignas religiosas y definió su gestión como una cruzada estrictamente moral. El gobernante vinculó el crecimiento productivo a la adopción de valores judeocristianos tradicionales y atacó duramente a los movimientos de derechos de las mujeres. La Casa Rosada reafirmó su rumbo económico ortodoxo, desoyendo las advertencias sobre la parálisis en la actividad y el rebrote de la pobreza.