El nuevo mapa productivo de Santa Fe exhibe una señal que ya nadie dentro del sector privado intenta disimular: el tejido pyme empieza a mostrar un nivel de erosión que no se veía desde la crisis de 2018.

Según un informe del Observatorio de Importaciones de APYME, en la provincia cerraron más de dos mil empresas desde la llegada de Javier Milei a la Casa Rosada, un dato que enciende alarmas en uno de los territorios industriales más robustos del país.
El informe indica que 225 de esas firmas pertenecían a la industria manufacturera, el corazón del valor agregado santafesino. Son empresas que transforman materia prima en tecnología, maquinaria y producción calificada: precisamente el tipo de entramado que sostiene empleo formal, innovación y desarrollo regional. Pero la combinación entre recesión profunda y una apertura indiscriminada de bienes terminados terminó golpeando incluso a compañías de gran escala, que se redujeron un 9,1%, mientras que las pequeñas cayeron un 5,2%. Sólo las medianas resistieron con un leve crecimiento del 2,4%.
Los casos de Acindar, Celulosa, Vassalli, Verónica o Sancor se convirtieron en símbolos de una fragilidad que se expandió hacia metalúrgicas, alimenticias y textiles. Y el golpe más visible se dio en tres cadenas históricas de la provincia: materiales de construcción, maquinaria agrícola y calzado, que en total perdieron medio centenar de plantas. La línea blanca mostró otro dato inquietante: cerró casi una de cada cinco empresas del sector.
En maquinaria agrícola —uno de los sectores insignia de Santa Fe— el impacto llegó amplificado. La provincia pasó de liderar el diseño e innovación del agro regional a ver cómo ese lugar quedaba amenazado por la importación de equipos usados, habilitada por decreto. La advertencia de APYME es clara: la apertura no está impulsando insumos productivos, sino que promueve la llegada de bienes finales, cuya importación creció 86% desde enero, frente al 27% de los bienes intermedios.
El mercado laboral sintió el impacto. Santa Fe perdió 12.456 empleos registrados desde noviembre de 2023, un retroceso del 2%. Más de la mitad corresponde a la industria manufacturera, que sufrió una caída del 4,8% y concentra el 53% del total de puestos destruidos. Un indicador que resume el cuadro: casi el 40% del empleo perdido proviene del sector industrial.
Un informe previo del Observatorio ya mostraba la tendencia: importaciones de leche en polvo (+688%), de heladeras (+1190%), de lavarropas (+5146%), de pulverizadoras (+842%) y de tractores (+1184%). Una lista que grafica la presión que enfrentan los fabricantes locales frente a precios externos imposibles de igualar en un contexto recesivo.
Desde el Ministerio de Producción provincial relativizaron las cifras, señalando que Santa Fe cuenta con alrededor de 6.000 pymes registradas y que un cierre masivo de un tercio del total resultaría “poco verosímil”. También sugirieron que el relevamiento podría haber incluido comercios y microemprendimientos, categorías que no siempre quedan dentro del registro oficial.
Sin embargo, incluso para las propias autoridades locales, el cambio de ciclo económico es evidente. Y el informe de APYME lo vincula directamente con la política macroeconómica nacional. La entidad recuerda que entre 2003 y 2011 se crearon más de 200.000 empresas, impulsadas por un modelo centrado en el mercado interno. Pero desde 2012, y especialmente tras el giro aperturista de 2015, el país volvió a registrar cierres masivos: 30.000 empresas en apenas tres años.
La conclusión del organismo es tajante: cada ola de liberalización comercial en la Argentina terminó acompañada por el cierre de pymes. Y advierte que las políticas actuales “pretenden reeditar” ese modelo, con efectos que —según la historia reciente— recaen sobre el sector que más empleo formal genera en el país.