El Presidente respaldó públicamente el ataque militar y la captura de Nicolás Maduro, avaló el discurso de Washington y anunció restricciones migratorias, en una postura que generó fuertes críticas por violar el principio de no intervención y profundizar el alineamiento con Donald Trump.

América Latina volvió a quedar en el centro de una disputa geopolítica de alto voltaje tras la inédita intervención militar de Estados Unidos en Venezuela, un hecho que sacudió a la región y abrió una fuerte controversia internacional. En ese escenario, el gobierno de Javier Milei tomó una posición que marcó un quiebre con la tradición diplomática argentina: no solo evitó condenar la invasión, sino que celebró públicamente el ataque y la captura del presidente Nicolás Maduro, alineándose de manera explícita con la estrategia de Washington.
Desde temprano, el Presidente utilizó sus redes sociales para respaldar la operación estadounidense, a la que definió como “la caída de un dictador”. El mensaje fue acompañado por consignas libertarias y por la reivindicación del rol de Estados Unidos como actor central en la región. Poco después, la Cancillería argentina emitió un comunicado en el que valoró las acciones militares como un avance contra el “narcoterrorismo”, mientras que el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, anunció restricciones migratorias dirigidas a ciudadanos venezolanos vinculados al gobierno de Maduro.
El respaldo oficial argentino generó fuertes críticas por apartarse de los principios históricos de la política exterior nacional, basados en la no intervención y la autodeterminación de los pueblos. Especialistas en relaciones internacionales advirtieron que el alineamiento automático con Donald Trump implica un precedente riesgoso para la estabilidad regional y coloca al país en una posición subordinada frente a una potencia extrarregional.
Milei reforzó su postura en entrevistas televisivas, donde aseguró que el mandatario venezolano obtenía recursos del narcotráfico y sostuvo que Edmundo González Urrutia debía asumir la presidencia. En paralelo, destacó el liderazgo de María Corina Machado, aunque horas más tarde el propio Trump relativizó su figura, generando incomodidad en el discurso oficial argentino.
La reacción del oficialismo no se limitó al Presidente. Patricia Bullrich celebró la intervención y anunció medidas simbólicas contra el llamado “Cartel de los Soles”, mientras que Victoria Villarruel habló de un renacer de la esperanza en Venezuela. El PRO también se sumó a los festejos, con Mauricio Macri y Jorge Macri respaldando la ofensiva y prometiendo gestos públicos de apoyo.
Sin embargo, no todas las voces del arco político acompañaron la postura. Horacio Rodríguez Larreta advirtió que una intervención militar constituye un antecedente peligroso, incluso frente a gobiernos autoritarios, y fue duramente cuestionado por Bullrich en redes sociales, lo que derivó en un cruce público que evidenció las tensiones internas.
En el plano interno, la decisión de aplicar restricciones migratorias como respuesta política encendió alarmas entre organismos de derechos humanos, que señalaron una ruptura con la Ley de Migraciones y con la tradición argentina de hospitalidad. En un contexto regional marcado por la incertidumbre, el posicionamiento del gobierno de Milei profundiza el debate sobre el rumbo de la política exterior y el lugar de Argentina en una América Latina cada vez más atravesada por disputas de poder global.