En un nuevo capítulo de la tensión entre la Casa Rosada y la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof elevó el tono contra los gobernadores que se muestran abiertos al diálogo con el gobierno de Javier Milei.

Desde Florencio Varela, donde inauguró un Centro de Atención Integral para personas con discapacidad, el mandatario bonaerense acusó a sus pares de “negociar deudas de Nación a cambio de leyes espantosas”.
“Milei sabe que este gobernador no va a acompañar ninguna ley que vaya en contra de los derechos de nuestro pueblo”, afirmó Kicillof, acompañado por el ministro de Salud, Nicolás Kreplak, y el intendente local, Andrés Watson. La frase buscó marcar una línea política clara frente a los mandatarios “dialoguistas”, entre ellos Martín Llaryora (Córdoba), Maximiliano Pullaro (Santa Fe), Rogelio Frigerio (Entre Ríos) y Osvaldo Jaldo (Tucumán), quienes mantienen negociaciones con la Nación en torno a las reformas fiscales y laborales que el Ejecutivo planea enviar al Congreso.
El mensaje llega en un momento clave: el flamante ministro del Interior, Diego Santilli, comenzó su ronda de reuniones con los gobernadores para construir consensos legislativos en torno al Presupuesto 2026 y al paquete de reformas económicas. En las últimas horas, recibió a Llaryora y Marcelo Orrego (San Juan) en la Casa Rosada, y prepara una gira federal que lo llevará por Entre Ríos, Salta y Mendoza, entre otras provincias. Su misión: consolidar una base política que permita al oficialismo avanzar en el Congreso.
Desde La Plata, Kicillof busca ubicarse en el polo opuesto de esa estrategia. Con más de mil obras públicas paralizadas en territorio bonaerense y una caída sostenida de los envíos de fondos, el gobernador refuerza su perfil opositor al proyecto libertario y apuesta a representar el descontento de los distritos más afectados por el ajuste. “No vamos a cambiar obras y derechos por favores políticos”, repiten cerca suyo.
El contraste entre ambos enfoques —el de los gobernadores que negocian y el de quienes confrontan— empieza a delinear el nuevo mapa del poder subnacional. En ese tablero, Kicillof intenta consolidarse como referente del bloque opositor institucional, mientras el Ejecutivo nacional ensaya un esquema de gobernabilidad apoyado en los acuerdos bilaterales.
El escenario que se abre hacia 2025, y de cara al reacomodamiento político del peronismo, será tanto una pulseada por los recursos como por el liderazgo territorial dentro de la oposición.