Una nueva jornada electoral convocará a los socios del Club Atlético Abastense Argentino, en el oeste platense, a participar del proceso democrático que definirá quiénes conducirán la institución en la próxima etapa de gestión.

Sin embargo, las elecciones que se celebrarán este 22 de febrero llegan atravesadas por una polémica que excede cualquier discusión deportiva o administrativa y que ya genera inquietud entre socios, familias y vecinos.
El Club Abastense no es solo una entidad deportiva: es un espacio social donde confluyen niños, adolescentes y familias enteras. Es el lugar donde muchos chicos dan sus primeros pasos en el deporte, donde se forman vínculos y donde la comunidad deposita confianza. Por eso, el dato que sacude esta elección no es menor.
La lista Pasión Abastense, encabezada por Nicolás Cardozo como presidente y secundada por Mariela Barrios como vicepresidenta, presentó un conjunto de propuestas orientadas —según expresaron— a recuperar el protagonismo histórico del club y fortalecer su rol social y deportivo en la comunidad.
En la vereda opuesta compite Locura por Abastense, con Pilo Gauna como candidato a presidente y Gonzalo Arrúa como vicepresidente. La nómina también habla de crecimiento institucional y compromiso con el club. Sin embargo, sobre esta lista pesa una sombra que altera el clima electoral: uno de sus principales referentes se encuentra acusado en una causa por homicidio.

Gonzalo Arrua, el candidato a vicepresidente de Abastense acusado de estar involucrado en el homicidio del subteniente Miguel Ángel Martínez, de 55 años, que fue asesinado de dos balazos cuando perseguía a los responsables de un robo en una propiedad de Olmos.
La situación, que aún se encuentra bajo investigación judicial y amparada por el principio de presunción de inocencia, abre un debate inevitable: ¿qué estándares éticos deben regir para quienes aspiran a conducir una institución social a la que asisten menores de edad? ¿Puede el club permanecer ajeno al impacto que genera esta candidatura en la comunidad?
Más allá de las propuestas y las consignas de campaña, el eje de la discusión dejó de ser exclusivamente deportivo. Padres y socios consultados manifiestan preocupación por el mensaje institucional que podría enviarse si una persona con semejante acusación en su haber ocupa un lugar en la conducción.
La votación del 22 de febrero definirá autoridades. Pero el verdadero interrogante que sobrevuela Abastense es más profundo: qué modelo de club quiere la comunidad y qué límites está dispuesta a trazar cuando se trata de quienes deben representar y resguardar a una institución que, desde hace décadas, es sinónimo de pertenencia y formación para generaciones enteras.