En la práctica política de ese momento, como Isabel Perón estaba detenida por la dictadura, Deolindo Felipe Bittel ejercía la conducción efectiva del partido y fue quien encabezó institucionalmente la denuncia ante la CIDH.

El título del documento fue “El Justicialismo denuncia la violación de los Derechos Humanos” y decía:
I – El Justicialismo desde 1946, representa a la gran mayoría del pueblo argentino, sin que nada ni nadie hasta la fecha haya desvirtuado esta aseveración tantas veces confirmadas, como cuantas veces nuestro pueblo logró ser protagonista de la historia de la Patria a través de la consulta electoral.
II – Con esta representatividad incontestable el Justicialismo se dirige a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos considerando que ella representa una instancia internacional creada por la Organización de Estados Americanos, de la que la República Argentina es miembro desde su fundación; que su visita tiene por objeto verificar la observancia, por parte del gobierno de facto, de los derechos humanos, y que la presencia de la Comisión responde a una generalizada inquietud de la comunidad internacional, de la que nuestro pueblo forma parte, que considera que el comportamiento de la autoridad militar que ejercita el mando de la República Argentina, es francamente violatorio de los derechos humanos.
III – No hemos de abundar en la descripción de nuestro movimiento político y de sus banderas. Pero cabe señalar que desde 1946, hasta la fecha, en el justicialismo se traducen las legitimas aspiraciones espirituales y materiales del hombre argentino. Nuestro concepto de Justicia Social, la idea de la sociedad igualitaria, ha afectado y continúa afectando el privilegio. Nuestro concepto de la Independencia Económica, el manejo de nuestros recursos en función de los intereses nacionales, ha lesionado y lesiona el privilegio. Nuestro concepto de Soberanía Política, de que nadie pueda subrogar al pueblo, también ha afectado y afecta al privilegio. Por todo esto, los beneficiarios de la actual situación, son y serán nuestros implacables adversarios. Y sostenemos que quienes se aferran al privilegio no encontraran otra manera de mantenerlo sino solo mediante la violación sistemática de los derechos humanos.
IV – Los hombres del Justicialismo, los que ejercieron la primera magistratura de la Nación, los que integraron el poder legislativo, los magistrados y funcionarios del Poder Judicial de la Nación, los dirigentes políticos y sindicales, los docentes, las mujeres y la juventud, han sido el blanco de una indiscriminada represión. Y están los otros hacedores y fundamento de nuestro accionar y de nuestra historia, el obrero silencioso, el estudiante, el profesional, el empresario, en fin, los que trabajan con esperanza y creyeron y creen que la Patria es un techo generoso que puede cobijar a todos. Tal vez esta creencia sea el delito que le asignan al pueblo.
V – “Dentro de la Ley todo, fuera de la Ley nada”, decía nuestro líder, el teniente general Juan Domingo Perón. Este concepto es el que ha regido nuestro gobierno y es el que exigimos que se ponga de inmediata vigencia, porque no puede haber Doctrina de la Seguridad Nacional que esté por encima de la ley que debe amparar por igual a todos los ciudadanos.
VI – Nosotros, hombres del Justicialismo, no hemos de permanecer impasibles, no hemos de hacer de nuestro silencio una conducta. Sentimos el imperativo, producto de nuestras convicciones y de nuestra larga y dura militancia en la causa de la Patria. En consecuencia, el dolor de una madre es nuestro dolor, el dolor de un hijo, es también nuestro, el obrero al que le falta el pan y no permiten decir lo que le falta, se hará voz en nuestras voces. Y esto nos compromete a asumir el dolor de aquellos que padecen la cárcel, través de “actas”, “decretos” o “bandos” en las prisiones, embajadas, domicilios y confinamientos, y de los que padecen, y son millones, este exilio interior de la represión, el silencio y el hambre.
VII – Finalmente hacemos nuestras las palabras de Su Santidad Juan Pablo II cuando dice: “La Iglesia quiere hoy continuar su misión de fe y de defensa de los derechos humanos, invitando a los cristianos a comprometerse en la construcción de un mundo más justo, humano y habitable, que no se cierra en si mismo, sino que se abre a Dios”. Hacer ese mundo más justo significa, entre otras cosas, que no haya injusticia y desigualdad en la impartición de la justicia, que no haya nadie sin amparo de la ley y que la ley ampare a todos por igual, que no prevalezca la fuerza sobre la verdad y el derecho sobre la fuerza, y que no prevalezca jamás lo económico ni lo político sobre lo humano.
VIII – Por ello el Justicialismo, DENUNCIA:
a) El encarcelamiento, vejación y confiscación de sus bienes de la señora presidente de la Nación Argentina, doña María Estela Martínez de Perón, de nuestro prestigioso dirigente gremial don Lorenzo Miguel y de otros tantos que padecen las consecuencias de las llamadas “actas”.
b) La muerte y/o desaparición de miles de ciudadanos, los que insólitamente se pretende justificar con la presunción de fallecimiento, que no significa otra cosa más que el reconocimiento de quienes se han atrevido o se atreven a levantar su voz y que han llevado o llevarán como “pena” desde un silencio impuesto, hasta la muerte”.