Aunque el Gobierno asegura control, el ministro de Economía enfrenta un faltante crítico de divisas para cumplir el vencimiento de enero y vuelve a poner a la Argentina al borde de una nueva zozobra financiera.
Luis “Toto” Caputo atraviesa una paradoja inquietante. Mientras el pago de la deuda de julio parece relativamente encaminado, el vencimiento clave del 9 de enero asoma como un problema sin resolver y con más incógnitas que certezas. Para esa fecha, el ministro todavía no tiene los dólares necesarios y, peor aún, le falta más dinero del que hoy dispone.
En total, la Argentina deberá afrontar en 2026 unos 8.400 millones de dólares por los bonos reestructurados en 2020. El primer pago será en enero, por 4.400 millones, y el segundo en julio, por algo más de 4.300 millones. Sin embargo, Caputo apenas consiguió cerca de 1.000 millones mediante una colocación de Bonar 2029 en el mercado local, a una tasa del 9,5%, claramente más cara que emisiones recientes de provincias y empresas privadas. El interrogante es evidente: de dónde saldrán los más de 3.300 millones que faltan para enero.
Hasta que esa respuesta no aparezca, la inquietud dominará a los mercados. La opción más mencionada es un REPO con bancos internacionales por entre 5.000 y 7.000 millones de dólares, una negociación que ya tuvo tropiezos por la falta de garantías del Tesoro estadounidense. También aparecen como parches los 900 millones obtenidos por privatizaciones recientes y algunas compras dispersas de divisas por parte del Tesoro y el Banco Central, claramente insuficientes.
El panorama es delicado. Caputo cierra el año como lo empezó: con vencimientos encima, reservas flacas y dependencia creciente de auxilios externos. La estrategia de no comprar dólares para evitar presiones inflacionarias mostró sus límites y obliga a un giro inevitable en 2026. Comprar divisas, aunque duela, parece ya una necesidad ineludible.
Más adelante, el pago de julio podría abrir una ventana para volver al mercado o reflotar acuerdos con bancos internacionales, siempre y cuando se supere el escollo de enero y el FMI avale el rumbo. Pero nada está garantizado.
La conclusión es incómoda: el margen se achica, el mercado local está agotado y el relato libertario choca contra la realidad dura de la deuda. Para Caputo, se terminó el tiempo de las piruetas técnicas. Llegó la hora de los dólares. Por las buenas o por las malas.