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Kicillof se posiciona como referencia del PJ rumbo a 2027

Por infolitica

Con una estrategia de gestión activa y confrontación sostenida con Javier Milei, Axel Kicillof decidió adelantar los tiempos y ocupar el vacío de liderazgo del peronismo. Mientras el resto del espacio duda y se reordena, el gobernador bonaerense usa el verano como plataforma política, se posiciona como principal opositor al Gobierno nacional y empieza a correr, sin disimulo, la carrera hacia 2027.

Axel Kicillof decidió no esperar. Mientras buena parte del peronismo transita un inicio de año sin señales claras de reorganización nacional, el gobernador bonaerense salió a ocupar el espacio político con una estrategia reconocible: gestión activa, presencia territorial sostenida y un discurso que lo ubica como principal contrapunto del gobierno de Javier Milei. El verano, históricamente asociado a una baja en la intensidad política, se convirtió esta vez en una plataforma para proyectar liderazgo.

Desde los primeros días de enero, Kicillof retomó las recorridas por los principales destinos turísticos de la provincia de Buenos Aires. No se trata solo de una agenda institucional vinculada a la temporada alta: cada actividad, cada inauguración y cada declaración pública se inscribe en una lógica política de mediano plazo. El gobernador gobierna, pero al mismo tiempo construye. Y lo hace con un objetivo que ya no se oculta en los pasillos del peronismo: llegar al 2027 como el candidato más competitivo del espacio.

El mensaje es doble. Por un lado, mostrar un Estado provincial activo, presente y articulador de políticas públicas en áreas sensibles como el turismo, la educación y la contención social. Por otro, marcar una distancia nítida con el modelo libertario que impulsa Milei desde la Casa Rosada. Kicillof no confronta de manera estridente, pero sí constante. En cada discurso subyace la idea de que sin intervención estatal no hay desarrollo posible, ni siquiera en una temporada turística que muchos intendentes describen como ajustada y frágil.

La inauguración del programa Escuelas Abiertas en Verano 2026, en General Alvarado, fue una de las primeras postales del año. Allí, el gobernador volvió a poner en valor el rol del Estado como sostén de la actividad económica y social en un contexto nacional adverso. No fue un mensaje aislado. Forma parte de una narrativa que se repite y se ordena: la Provincia como trinchera frente al ajuste nacional y como base desde donde proyectar una alternativa política más amplia.

Un liderazgo que se acelera mientras el resto duda

El verano 2026 tiene una particularidad que no pasó desapercibida en el tablero político: Kicillof es, por ahora, el único dirigente del peronismo que actúa como si la carrera presidencial ya hubiera comenzado. A un año y medio de las elecciones, no solo intensificó su presencia pública, sino que habilitó formalmente a su estructura política a trabajar en clave nacional. El lanzamiento del Movimiento Derecho al Futuro, a fines de diciembre, fue leído dentro del PJ como una señal inequívoca.

A diferencia de otros armados más difusos, el MDF busca trascender las fronteras bonaerenses y empezar a tejer vínculos con sectores del peronismo y del campo opositor en distintas provincias. La consigna es clara: construir un espacio amplio que funcione como polo de resistencia al mileísmo y, al mismo tiempo, como plataforma electoral para 2027. En ese esquema, Kicillof no aparece como un actor más, sino como el ordenador natural del proceso.

La ventaja del gobernador es evidente. Cuenta con una gestión que le permite mostrarse en actividad permanente, con recursos políticos y simbólicos que otros dirigentes hoy no tienen. Mientras el resto del peronismo discute en voz baja cómo reconfigurarse tras la derrota de 2023 y la salida de Cristina Kirchner del centro de la escena estratégica, Kicillof ocupa agenda, instala temas y se posiciona como referencia.

No hay, en este momento, otro nombre dentro del PJ con un nivel de exposición y de iniciativa comparable. Algunos gobernadores miran con atención, otros con recelo. Pero ninguno acelera al ritmo del mandatario bonaerense. Esa diferencia empieza a notarse en la conversación interna del peronismo, donde cada vez más dirigentes admiten que, les guste o no, Kicillof corre con ventaja.

El interior, los otros nombres y la disputa que se viene

Eso no significa que el camino esté despejado. En el peronismo siguen circulando otros nombres con ambiciones nacionales, aunque todavía sin una estrategia definida. Entre ellos, aparecen los ex gobernadores Sergio Uñac y Gerardo Zamora, ambos hoy senadores nacionales y con peso propio en sus provincias. De los dos, Uñac es quien dejó señales más explícitas de querer jugar.

El sanjuanino comenzó a hablar de recorridas nacionales y de la necesidad de que la próxima fórmula presidencial del PJ incorpore una mirada del interior del país. Su planteo conecta con un reclamo histórico de muchos dirigentes provinciales, que cuestionan el sesgo bonaerense y porteño de las construcciones electorales anteriores. En ese marco, Uñac intenta posicionarse como una alternativa federal, con perfil moderado y vínculos fluidos con distintos sectores del peronismo.

Sin embargo, su principal obstáculo es el tiempo. Mientras Kicillof ya está instalado en la agenda política y mediática, Uñac recién empieza a delinear su hoja de ruta. Algunos encuentros, como la reunión con el gobernador neuquino Rolando Figueroa, buscaron enviar señales al interior del peronismo, pero todavía no alcanzan para equilibrar la balanza.

El caso de Gerardo Zamora es distinto. El ex gobernador santiagueño aparece de manera recurrente en las especulaciones, aunque sin manifestar una voluntad explícita de competir. Dentro del PJ se comenta que su nombre fue impulsado en ciertos momentos como forma de contener el crecimiento de Kicillof, una jugada que generó incomodidad en el propio Zamora. Respetuoso de la figura de Cristina Kirchner, pero crítico de algunas dinámicas del cristinismo, el senador se mueve con cautela y deja que el contexto decante.

En ese escenario, Kicillof representa la contracara. No espera que las condiciones estén dadas: intenta crearlas. Apuesta a consolidarse como el principal referente opositor a Milei, aun sabiendo que el riesgo es alto. En su entorno reconocen que el desafío no es menor y que el desgaste puede jugar en contra si el contexto económico y social se vuelve aún más adverso. Pero también saben que, en política, las oportunidades no siempre se repiten.

Hoy, el peronismo no tiene un liderazgo nacional definido. La discusión está abierta y el calendario todavía es largo. Pero en ese vacío, Kicillof avanza. Lo hace desde la gestión, desde el territorio y desde una narrativa que busca ordenar a un espacio golpeado y disperso. El verano, lejos de ser una pausa, se transformó en el punto de partida de una carrera que ya empezó. Y, por ahora, el gobernador bonaerense corre solo adelante.

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