El desafío del gobierno sigue siendo económico. Mientras el ministro de Economía adelanta cambios a inversores en EEUU, el gobierno desmiente devaluación y acumulación de reservas.

En plena gira por Estados Unidos, el ministro de Economía Luis Caputo dejó trascender ante inversores que el Gobierno prepara un rediseño del esquema cambiario y monetario en los próximos 30 días. Sin embargo, la señal que buscaba mostrar coordinación y horizonte financiero terminó abriendo una diferencia interna: Javier Milei insiste en mantener la intervención del dólar durante todo 2026 para evitar nuevos saltos de precios.
Durante reuniones privadas en Miami y Nueva York, organizadas por JP Morgan, Caputo detalló que se trabaja en un esquema que ajustaría gradualmente las bandas cambiarias, permitiría recompras de deuda soberana y ofrecería un nuevo instrumento financiero vinculado a educación. El mensaje fue claro: flexibilizar sin liberar el tipo de cambio.
Pero el Presidente le bajó el tono inmediatamente. Según su visión, un “dólar barato” garantiza previsibilidad y ancla nominal en un contexto donde la inflación continúa por encima del ritmo de devaluación mensual. Para Milei, abrir el cepo ahora significa reactivar la escalada de precios, justo cuando busca mostrar señales de desaceleración.
La discusión se tensó aún más cuando Pramol Dhawan, director de mercados emergentes de Pimco, recomendó públicamente dejar flotar el peso. La propuesta chocó de frente con la estrategia presidencial y expuso que los grandes fondos presionan por mayor libertad cambiaria para operar en Argentina.
Mientras tanto, los precios vuelven a moverse. Según mediciones privadas, alimentos subieron 1,1% en la primera semana de noviembre, con impactos fuertes en frutas, verduras y lácteos. El índice “Changuito Federal” de Analytica registró subas de hasta 5,3% en Tierra del Fuego. Es decir, la inflación de alimentos ya corre por encima del dólar oficial.
A la trama doméstica se suma la dependencia financiera de Estados Unidos. Washington intervino este año con un paquete de u$s 20.000 millones, que incluyó venta de dólares para contener el mercado local. La operación generó ruido político y derivó en pedidos de explicaciones en el Congreso norteamericano, pero marcó algo clave: la estabilidad cambiaria argentina no es solo económica, sino geopolítica.
El Gobierno se mueve, así, en un equilibrio delicado: Caputo promete un plan más flexible para el dólar; Milei congela cualquier corrección que pueda encender la inflación; y los mercados esperan claridad en un contexto donde la economía argentina oscila entre la presión financiera externa y el costo interno de sostener el ancla cambiaria.
Lo que finalmente ocurra definirá no solo el precio del dólar, sino también la velocidad de los precios, la relación con Wall Street y la viabilidad política del programa económico en 2025.